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sábado, 20 de octubre de 2012

Machu Picchu y Ollantaytambo, Siempre fueron Casa


Machu Picchu

No tengo idea cómo se dio todo. Increiblemente, estábamos Ñantika, Lucía, Glauco y yo a las 8 de la noche en el terminal de buses hacia Santa María, donde tomaríamos otra movilidad hacia la hidroeléctrica cerca de Santa Teresa, desde donde caminaríamos por las vías del tren hasta Machu Picchu.

A las 3 de la mañana, comenzamos a caminar, adentrándonos en la oscuridad de la selva. No había luna esa noche y las estrellas nos bañaban desde lo alto. Recordé que una vez me contaron que las sacerdotisas andinas caminaban solas, de noche y en silencio hacia Machu Picchu para ser iniciadas ahí. No íbamos solos. Y la verdad tampoco estábamos tan en silencio. Pero poco a poco, el bosque, sus guardianes, las luciérnagas del camino y los sonidos de la noche nos pusieron a cada uno a caminar consigo mismo.

El sol fue iluminando todo poco a poco son sus primeros rayos y apareció un arcoíris en la cima de una montaña cubierta de bosque, en la entrada de Machu Picchu. Llegábamos por detrás de la esfinge o el Puma que duerme en la gran montaña de Huayna Picchu.

(mapa yfotos a penas podamos próximamente)

En el camino escribí esto: “Aquellos que conocen el amor y el poder y no le temen a ninguno, sostienen las llaves del ahora sobre la tierra. El que lo sienta, que se elija a sí mismo y así todos elegiremos por la tierra. Por el pedazo de tierra que somos cada uno. El amor brilla más fuerte en la oscuridad. Y el poder solo se sostiene en movimiento. Qué preciso es el instante en el que convergen la luz y la sombra. Abriendo paso a la totalidad. A eso vinimos y eso somos, aquí en este momento. Con la Tierra, sobre la Tierra y bajo la Tierra. Somos la gente del camino porque elegimos cambiar con ella.”

Encontramos una mujer guardiana justo en la parte trasera de la esfinge. Era una de las que decidió voluntariamente quedarse ahí para seguir dándole la bienvenida a los Chasquis, los viajeros del camino que llegarían y seguirían llegando a este templo.
Más adelante, ya en las faldas del Puma, todos paramos un momento y nos conectamos más profundamente con el lugar.

Recordé a Kuichiro. En Cusco nos habíamos encontrado con Mariana, que brevemente nos había contado esta historia:

Kuichiro fue una Sacerdotiza Inca iniciada en los siete rayos. Vivió en los tiempos de Pachacutec, cuando él supo que había que tejer todo el Tahuantinsuyo y organizar la red de templos y ciudades para asegurar la era de paz y prosperidad. Sucede que se sabía que en 50 años había de llegar el nuevo Pachacutti (Gran cambio o giro de la tierra. Cuando todo se da la vuelta y se pone de cabeza.) La historia que se cuenta, es que Pachacutec intentó crear una nación de prosperidad, paz y amor esperando que se sostenga durante el Pachacutti y por eso, en 40 años logró extender el imperio Incaico en todas las direcciones. La historia que no se nos cuenta, es la de Kuichiro. Fue ella la que en ese tiempo, llevó los 7 rayos a cada templo sagrado y como decía Mariana “unificó espiritualmente el Tahuantinsuyo”. Kuichiro fue perseguida por Pachacutec y los guerreros del imperio. Para que nunca le pudieran alcanzar, se convirtió en piedra.

Al lado del Puma de Machu Picchu, frente al rio, Kuichiro nos decía que ella se convirtió en toda Pachamama, la Madre Tierra. Nos decía que recordemos nuestros acuerdos. Que sostengamos con integridad lo que cada uno sabe que vino a cumplir. Y que ya es el tiempo. Que somos responsables de que ya no exista más la discordancia entre polaridades, entre hombres y mujeres, entre guerreros y sacerdotisas, templarios y brujas. Que cada quien había de asumir su tarea. Son tiempos de unión.

(foto próximamente)
 
Llegamos a Aguas Calientes, el pueblo a los pies de Machu Picchu, y salimos rumbo al templo. “ En la entrada a Machu Picchu, cada quien va con lo suyo. Venir de nuevo a este lugar sagrado se trata de recuperarnos a nosotros mismos. En toda nuestra presencia y autoridad natural, con toda nuestra luz y toda nuestra sombra. Tomar lo que nos pertenece y dejar atrás lo que no es parte de nuestro camino, porque no es lo que somos nosotros mismos. En los tiempos en que todos los mundos están alineados y en el ahora convergen todas nuestras infinitas historias y realidades; Puede ser grande el desafío de recuperarnos a nosotros mismos, en nuestro lugar y momento siempre correctos, en cada una de nuestras historias, realidades sostenidas por el hilo de la infinidad que se teje en nosotros. Aquí estamos y a eso vamos” Esto fue lo que vivimos en la entrada del templo. De pronto, los cuatro caminantes que habíamos llegado hasta ahí sentimos que debíamos tomar cada uno su rumbo en Machu Picchu.

Y así fue. Ñantika y yo caminamos juntas por todo el templo, conectándonos con recuerdos y sensaciones profundas de otros tiempos, que se mezclaban en el ahora. Por entre la muchedumbre de turistas y salvando las prohibiciones del ministerio de cultura (“señoritas, no pueden descansar ahí… pónganse los zapatos por favor…”).  Nos quedamos dormidas cerca de la casa del vigilante y recuperamos fuerzas. Entonces seguimos caminando sin rumbo, recorriendo Machu Picchu como por primera vez. Era cierto lo que sentí en Lima, algo ahí había cambiado desde el nivel más profundo en estos últimos meses y ya era momento para volver.

Llegamos a la entrada a Huayna Picchu. No habíamos conseguido el boleto para subir al a cima y supimos que no debíamos ir ahí esta vez. Cerca había una gran roca que un guía explicaba tiene la forma de cuy (el cerdito de guinea o hámster peruano)

(foto del cuy y de la roca)

A nosotras se nos hacía como una pizarra para proyectar información cuatridimensional… jajajaja Cada uno con su historia.

Entonces sentí de nuevo al cuarzo rosado de Irlanda que ha viajado todo el camino. Se lo entregué a Ñantika y le conté la historia del “feto” (link a la publicación de Laguna Azul al comienzo del viaje). También salieron de la cartera algunas otras piedras, entre las que estaba el huevo del Titicaca (en Agosto encontramos una piedra en forma de huevo junto a una piedra en forma de cabeza de cóndor por un lado y cabeza de águila por otro lado en Isla del Sol). La sorpresa fue que el huevo del Titicaca ¡¡Estaba roto!! Nos emocionó mucho, porque significaba que lo que había estado “en huevo” o “incubando”, ya estaba listo. Y tenía que ver también con Machu Picchu. 

A la vez nos acordamos de un sueño que tuvo Glauco en las noches anteriores. La Gran Mujer daba a luz finalmente a la nueva humanidad, y el bebe que nacía no era muy armónico, el sentía que había que darle muchísimo amor. Y cuando todos lo hacíamos, se transmutaba y se convertía en algo lindo.

Entonces, simbólicamente hicimos eso con el cuarzo rosado en forma de feto que estuvo enterrado mucho tiempo en Irlanda y que finalmente llegó hasta aquí. A lo largo de todo lo que va del camino, estuvo en cada encuentro y en cada lugar por el que pasamos. A veces estuvo en los altares, a veces estuvo en la cartera y varias veces se bañó en el agua de las lagunas que parecían a veces úteros. Siempre estuvo envuelto y solo lo vieron algunas mujeres. Salió en algunas fotos, así que quienes las vieron, lo vieron también.

(foto en Laguna azul) (foto en Nazca) (las dos con pies de pagina, lugares y fechas)

Ya es tiempo, sentimos. Esta nueva humanidad que en consciencia había estado gestándose aquí en Machu Picchu hace miles de años, pero que no pudo ser en ese momento, ya estaba lista. Y lo está. Ya es tiempo, ya es tiempo y lo dicen todos en todas partes. Los dragones blancos, guardianes del tiempo ya están aquí: En el ahora. La semilla está lista.

La cosmovisión andina nos hablaba mucho del Puma. Es el animal que representa el “Kay Pacha” o el mundo de “aquí”. También representa al ser humano empoderado, sostenido en su propia autoridad natural, como el felino que es cada uno de nosotros.
Simbólicamente, se conectó el templo de los siete rayos en Machu Picchu con el cuarzo, también se conectaron los tres mundos “Hanan Pacha” (arriba), “Kay Pacha” (aquí), “Ukhu Pacha” (abajo) y toda la memoria atemporal (del pasado y el futuro) que sería el cuarto elemento que sostiene a la trinidad de los mundos. El Gran Espíritu y la Madre Tierra son el padre y la madre del espíritu y la consciencia de la nueva humanidad.

Ollantaytambo

Luego tuvimos un peculiar viaje en el tren local, donde nos tocó a Ñantika y a mi el “boleto intermedio”, lo que quiere decir que el pasajero va de pie, de modo que dormirmos intermediamente en el pasillo del tren. Estábamos literalmente molidas luego de las caminatas y el preciso baño de noche en las aguas termales de Aguas Calientes, donde también llevamos al cristal.

Llegamos muy de noche a Ollantaytambo: Casa. Ahí descansamos. Sumidas en el más profundo silencio luego de toda la experiencia.

De día sabía que debía ir al Templo del Sol en Ollantaytambo. Es un lugar muy especial, el corazón de la red de templos y ciudades del Tahuantinsuyo está ahí. Me contaron que cuando los Incas desencarnaban, los momificaban y todos sus cuerpos, excepto sus corazones, eran llevados en Qoricancha, Cusco. Sus corazones, según dicen, los guardaron en Ollantaytambo.

Hay una habitación en lo alto del templo en Ollantaytambo, un poco más arriba del templo del sol y hacia la derecha. Si uno ingresa por la puerta principal y sube las escaleras hacia lo más alto, llega serpenteando a esa habitación. Es un lugar muy especial, en lo personal, siento que los corazones de los Incas están ahí. Es un lugar al que voy siempre que es posible.

Recordé que el 4 de Agosto, cuando por primera vez me conecté conscientemente con el camino Harwitum, fui ahí mismo en el momento de la activación. Esta vez regresábamos yo y el cuarzo rosado porque Ñantika tuvo que quedarse en el pueblo. Cuando llegué a la habitación de los corazones, informé a mi juguetona y precaria manera a todos esos guardianes de ese templo y de esa sacralidad del corazón, que ya estamos listos. Saludé a todos y coloqué al cristal de cuarzo rosado, cuarzo del corazón, en el medio de la habitación. Me paré de un lado de la puerta y sentí un flujo de energía que ascendía por los andes desde muy al sur en dirección a Islas Galápagos. Luego estuve del otro lado de la puerta y sentí el flujo de energía opuesto, desde Galápagos hacia Titicaca y hacia el Sur. Vi a los guardianes del Paititi sosteniendo sus puertas desde Machu Picchu y Ollantaytambo. Y la verdad es que no tengo palabras para describir la sensación de regresar a esta lugar, que es casa, una vez más después de todo lo vivido en lo que va del recorrido.

Caminé sin rumbo y fui llevada al templo del Sol. Donde están las rocas sagradas del Templo del Sol. 



Ahí estaban un grupo de niños de una escuela en una comunidad del ande, que llegaban justo en ese momento a tomarse una foto con las piedras. Frente a ellos estaba un grupo de niños de una escuela de Lima, atendiendo lo que les contaba el profesor, acerca de la cosmovisión andina y los tres animales de poder de los que más se habla: El Cóndor, el Puma y la Serpiente. Era otro encuentro de polaridades. Me senté en una roca haciendo un triángulo con ambos grupos y observando todo. 

Esto fue lo que sentí: “Somos la gente del cambio porque somos la gente del medio. El camino del medio es el camino de los justos, nuestro camino, el de cada uno. La historia que contaremos desde este tiempo en adelante, será distinta que la que nos contaron a nosotros. La experiencia que transmitamos a los niños desde entonces, será otra. Será ahora fruto de la unión, comunión sagrada del tiempo. De la alquimia eterna de la infinidad en el ahora. Somos desde entonces los guardianes del tiempo, somos desde nuestra alquimia sagrada, los portadores de la semilla. Y el fruto se hará visible con cada paso que todos juntos, como la humanidad que somos, demos sin vacilar hacia lo nuevo en el Nuevo Tiempo. Guiados por la brújula de nuestro corazón. Sostenemos la infinidad dentro de nosotros mismos. Ya es hora.”

Antes de irse, los niños de la escuela de Lima gritaron: “Promoción José de San Martín 2012” y uno de ellos dijo “Hay que volar como Cóndores”… Ellos  como siempre, lo saben todo. 

El lugar quedó vacío. Estaba solamente el guardia del templo. Recordé que estas rocas son un punto de paso del primer rayo del sol cuando asciende por detrás de Pinkulluna en el solsticio de invierno y pasa hacia la pirámide Pakaritampu iluminándola en un punto en el río. Ahí está simbólicamente el fruto del gran árbol que se representa en la vista desde arriba de la ciudad Inca de Ollantaytambo.

Cantaba algo que apunté. Decía: 

I-U-ANI-RA-TUM-ANI-TI-AN-A-KU-A-TUM-DA-NI-I-U-ANI-DA-NA-NA-NI-DA-NA-HA-NI-TUM-TI-DA-NI-SI-LLU-STA-NI-DA-NA-HA-NI-DI-AN-A-NI-DI-AN-A-NI” 

Coloqué en negritas la primera parte porque más o menos resume lo que luego entendí que estaba cantando. “I-U-ANI” suena como Sillustani. Es un lugar cerca de Puno donde luego nos contaron que hay rocas muy grandes en forma de falos. El lugar representa la suprasexualidad. Es decir, la unión sagrada. “RA-TUM-ANI” tiene que ver con el sol y la luna en uno. RA es el sol, TUM es la unión y ANI es la diosa. “TI-AN-A-KU” es el sonido de Tiahuanaco, que guardó la memoria de la unión sagrada del sol y la luna en esta región y en el lago Titicaca.

Luego apareció un guía turístico. Le explicaba a unos chicos que en la roca sagrada, antes habían  cuatro cabezas de Puma en total, de las cuales solo queda una (la que está sola). Según el guía, los sacerdotes franciscanos habrían quitado las otras tres en señal del monoteísmo.

El Puma que queda tiene la mirada hacia la pirámide de Pakaritampu. Es un guardián silencioso del paso del sol. Y los tres que fueron decapitados, pero cuya esencia aún vibra en la roca, representan a la trinidad. Esta piedra nos está contando la misma historia que nos contaron en todas partes. La trascendencia de la dualidad en la trinidad y la Unidad. A demás, son seis bloques de piedra que representan claramente el 11:11:11, como se ve en este dibujo:



Disculpen si tienen que girar la cabeza para ver la imagen, no conseguí girarla con la computadora jajajaja
... debe ser parte de la desestructuración que enseña Peru :P
Además, la roca sagrada es de granito rosado.

El Baño de la Ñusta

Bajé muy rápido por la parte trasera del templo, estaba una hora tarde para encontrarme con Tika según habíamos quedado. Me encontré con Malena de Lima en la cima del Templo (¡!??) Que hablaba por celular mientras yo movía las manos en una de las puertas del templo. Ella decía algo como “no me esperen porque voy a ir a activar el portal en el templo…” jajajajaja Cuando nos abrazamos tuvimos un minuto para contarnos que las dos habíamos estado el día anterior en Machu Picchu y que cada una seguía con lo suyo.
Llegue hasta el baño de la ñusta por la puerta del agua 

(foto)

En ese preciso instante no había ningún vigilante en el templo así que pude colocar al cristal rosado en la salida de agua del baño, antes de la cascada. Me di la vuelta e ingresé a la habitación por abajo para sostener desde ahí. También un poco del agua de las profundidades de Nazca (link) fue ofrendada en ese baño y un poco del agua de esa cascada quedó con nosotros para el resto del camino. Cuando salía de la habitación para volver a la puerta inicial a recoger el cuarzo, entró un señor mayor. Y no tengo idea por qué me preguntó si podía bañarse en el agua que caía por la cascada. Sin pensarlo le dije “claro que si” y luego cuando vi que lo iba a hacer me quedé en la puerta de ingreso, sosteniéndole. Sin pensarlo nuevamente dije “En tu nombre, para toda la gente de la tierra” y entonces entendí. Los templos ahora están abiertos, para todos. El agua sagrada y el conocimiento ya no son más solamente para unos cuantos iniciados. Es tiempo de que cada uno haga lo suyo con lo que por tanto tiempo ha sido celosamente custodiado.

Plena de felicidad, volví a encontrarme con Ñantika y juntas fuimos hacia Pizac, navegando todo el Valle Sagrado. Para encontrarnos con grandes sorpresas de la Lechuza, el Bambú y el Colibrí que escribiré pronto y publicaremos en los días que siguen

En media hora partimos muchos caminantes hacia la Isla del Sol!! Para adentrarnos en las profundidades del Lago Titicaca. Ahí donde inicia y vuelve a iniciar todo. El punto de paso entre “dejar ir” y “dejar ser”.

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